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Cinco futbolistas que no debes perder de vista en la Liga F

01/04/2025 | Marcos González | Liga F
Estas son cinco jugadoras esenciales que no debes perderte en el fútbol femenino español.
Cinco futbolistas que no debes perder de vista en la Liga F
En la Liga F, el dominio del FC Barcelona femenino es tan absoluto que muchas de sus jugadoras han alcanzado un estatus casi inabarcable. Aitana Bonmatí y Alexia Putellas, balones de oro y referentes globales, encarnan esa supremacía. Precisamente por ello, esta selección de futbolistas busca alejarse de los focos más brillantes y poner el foco en trayectorias que, aunque no menos valiosas, permanecen en segundo plano mediático.
La única excepción es Ona Batlle. Campeona del mundo, pieza fundamental en el Barça y probablemente la mejor lateral del planeta, su impacto real sigue estando por debajo del reconocimiento público que merece. A su lado, cuatro perfiles dispares, pero igualmente esenciales para entender el momento actual del fútbol femenino español: Caroline Weir, Fiamma Benítez, Nahikari García y Edna Imade


Ona Batlle (FC Barcelona)

Lo de Ona Batlle no es una evolución. Es una conquista. Desde que volvió al Barça en el verano de 2023, tras su paso por el Manchester United, su fútbol ha madurado de tal forma que ya no se limita a ocupar el carril: lo dirige. Si bien su posición natural es la de lateral derecho, se ha convertido en una directora de juego desde la banda, con una incidencia altísima tanto en la circulación como en la progresión ofensiva.
Pocas futbolistas en el mundo manejan con la misma naturalidad ambas piernas. Batlle puede recibir perfilada en corto o lanzar en largo indistintamente desde izquierda o derecha, conducir en diagonal o trazar la línea exterior sin apenas cambiar de ritmo. Este ambidextrismo natural, poco común incluso en la élite, le permite convertirse en una constante solución táctica para un equipo que vive instalado en campo contrario.
Pero su impacto no se entiende solo desde lo técnico. Su comprensión del juego ha crecido. Elige cuándo activar el juego interior, cuándo soltar por fuera, cuándo sostener desde atrás. Tiene la pausa, pero también el arranque. El temple, pero también la verticalidad.
Su carrera no ha sido lineal. Criada en La Masia, tuvo que marcharse al Madrid CFF para sumar minutos. Luego llegó al Levante, y finalmente, con su salto al extranjero: en el Manchester United se hizo grande en todos los sentidos. Allí aprendió a convivir con la exigencia, a ser referencia en defensa y en ataque. Su regreso al Barcelona fue simbólico: no solo volvía a casa, lo hacía como la mejor lateral del mundo.
En un equipo repleto de estrellas, Ona se ha ganado su lugar sin aspavientos. Ni lidera las campañas publicitarias ni aparece en cada portada. Pero el balón siempre pasa por ella. Porque en el Barça, el juego nace donde Ona dice.


Caroline Weir (Real Madrid)

Cuando el Real Madrid decidió que su proyecto femenino debía dar un salto cualitativo, Caroline Weir fue el nombre que encarnó esa ambición. Internacional por Escocia y con experiencia en el Manchester City, llegó a Valdebebas para ponerle acento de grandeza a un equipo aún en construcción. Weir no vino a crecer con el Madrid: vino para ayudar a construirlo.
La suya es una clase que no se impone con estridencia, sino con inteligencia. Weir no necesita correr más que nadie. Le basta con leer medio segundo antes que el resto. Puede jugar de interior, de enganche o más cercana al área, pero su lugar natural está en ese espacio entre líneas donde el caos se ordena. Desde ahí lanza a las de fuera, asocia por dentro y prueba su disparo de zurda con una precisión milimétrica.
Weir tiene gol, pero sobre todo tiene pase. Pase que rompe líneas, pase que genera ventajas. En un equipo que a menudo aún depende demasiado de las transiciones, ella representa otra cosa: la capacidad de detener el partido y jugarlo al ritmo que dicta su pie izquierdo.
Su influencia va más allá del césped. Es un nombre respetado, una futbolista que ya ha jugado partidos importantes y que entiende lo que significa ser el eje de un proyecto. Weir ha elevado el listón competitivo y ha marcado un modelo. El Madrid necesita muchas más como ella para acercarse al nivel de los grandes. Pero por algo se empieza, y Weir ha sido el primer gran acierto.
Aunque una grave lesión de rodilla frenó su progresión, esta temporada, su estatus sigue intacto. El Real Madrid la esperó y no decepcionó. Porque no tiene una igual. Porque cuando está bien, es la que cambia todo.

Fiamma Benítez (Atlético de Madrid)

A veces basta con mirar cómo una jugadora pisa la pelota para intuir que hay algo distinto. En Fiamma Benítez, ese algo se percibe en su pausa. No en la lentitud, sino en la calma con la que decide. Porque Fiamma, pese a sus apenas 20 años, juega con la serenidad de quien lleva muchos partidos importantes en las piernas.
Criada futbolísticamente entre Elche y Valencia, donde pronto captó la atención por su capacidad para llegar desde segunda línea y asociarse en espacios reducidos, su paso por el primer equipo valencianista no tardó en consolidarse. Allí, en un contexto menos exigente pero ideal para foguearse, se reveló como una centrocampista ofensiva capaz de asumir peso con balón, generar superioridades y definir dentro del área.
Su fichaje por el Atlético de Madrid fue tan lógico como necesario. El club colchonero, en plena renovación generacional, vio en ella una pieza estratégica para reconstruir un centro del campo con ideas nuevas y piernas jóvenes. No llegó sola: en el nuevo Atlético convive con talentos como Andrea Medina, Silvia Lloris o Gio Queiroz, conformando una línea joven, eléctrica y con una proyección que apunta muy alto.
Fiamma juega en tres alturas. Se incrusta junto a la pivote cuando hace falta sacar limpio, aparece entre líneas para descargar o filtrar, y rompe al área con olfato de delantera cuando el equipo pisa zona de remate. Tiene una zancada elegante, conducción pegada y una capacidad para desmarcarse por sorpresa que rompe estructuras defensivas sin necesidad de alardes.
No es una mediapunta clásica ni una interior al uso. Es una jugadora híbrida, moderna, con recorrido de ida y vuelta, con gol y con lectura. Su fútbol no es estridente, pero siempre suma. Marca cuando puede, asiste cuando toca, y sobre todo, entiende el juego con una madurez impropia de su edad.
En una Liga F donde el protagonismo suele caer en los extremos o delanteras, Fiamma representa ese perfil tan necesario como escaso: la centrocampista de llegada, de control y de continuidad. De las que dan sentido a lo que pasa entre áreas. Y lo mejor de todo: todavía no ha tocado techo.


Nahikari García (Athletic Club)

Hablar de Nahikari García es hablar de una historia que trasciende los números. Porque más allá de los goles —que son muchos— y de los clubes, hay en ella una forma de entender el fútbol desde la inteligencia, la humildad y la persistencia. En un país que todavía construye su relato en el fútbol femenino, el de Nahikari ha sido siempre uno de los nombres propios.
Forjada en las filas de la Real Sociedad, no solo se convirtió en la máxima goleadora histórica del club, sino también en el símbolo de un proyecto que apostaba por el talento local, el crecimiento sostenido y una identidad de juego reconocible. Era la capitana silenciosa, la que hacía los movimientos correctos sin levantar la voz, la que definía sin estridencias. Con desmarque corto, con intuición, con precisión.
Su rendimiento en San Sebastián la catapultó a la selección española, con la que debutó en 2016 y disputó citas internacionales al máximo nivel. El siguiente paso parecía inevitable: en 2021 fichó por el Real Madrid, donde el foco mediático y la exigencia competitiva eran otros. Pero el plan no salió como se esperaba. Su paso por Valdebebas fue más sombra que luz. No encontró continuidad, ni encaje, ni regularidad.
El fútbol, sin embargo, siempre da una segunda oportunidad. Y en su caso, la encontró en el lugar menos esperado: el Athletic Club, el eterno rival de su club de origen. En Bilbao, Nahikari ha vuelto a sentirse futbolista. Ha recuperado sensaciones, ritmo y sobre todo, el gol. Su rol es distinto, más maduro, más completo. Ya no es solo la que culmina. También baja a recibir, asocia en corto, oxigena el juego y ayuda a que el equipo respire en campo rival.
Sigue teniendo ese instinto para atacar el primer palo, para cazar el rebote, para moverse cuando nadie más lo hace. Pero ahora lo combina con una lectura del juego más amplia, con una capacidad de liderazgo que no necesita brazalete. En un equipo joven como el Athletic, su experiencia y serenidad se han vuelto imprescindibles.
Pocas jugadoras resumen mejor la evolución del fútbol femenino español. Pasó de promesa precoz a estrella de la Real, vivió la presión del escudo blanco, cayó, y volvió a levantarse. Nahikari es prueba de que el talento puede resistir incluso cuando las circunstancias no ayudan. Y hoy, su historia se escribe desde San Mamés, con la misma tranquilidad con la que siempre supo encontrar portería.

Edna Imade (Granada CF)

A veces el fútbol encuentra su poesía en los lugares más inesperados. El Granada CF, que afronta su segunda temporada consecutiva en la Liga F, ha roto todas las previsiones. Y en el centro de esa sorpresa está una futbolista que encarna el trabajo silencioso de los márgenes: Edna Imade.
Con 13 goles en lo que va de temporada, la nigeriana no solo es la segunda máxima goleadora del campeonato, sino también el motor ofensivo de un equipo que se ha atrevido a soñar. Su historia está tejida en campos menos iluminados: Nervión, Málaga, el Cacereño... clubes donde el fútbol femenino se juega sin focos ni comodidades, pero con la misma pasión.
Edna siempre fue distinta. Potente, agresiva, explosiva. Delantera de desmarque largo, de ruptura vertical. Pero su evolución en el Granada ha sido aún más completa. No es solo una finalizadora; es una amenaza constante. Baja balones, arrastra marcas, abre espacios. Cada movimiento suyo condiciona a las defensas rivales.
Tiene intuición para el gol. No necesita demasiadas ocasiones. Define con fuerza, pero también con astucia. Y sobre todo, tiene una determinación que se contagia. Su impacto no se explica solo con estadísticas. Hay que verla saltar a presionar en el minuto 88, o lanzarse a por un balón dividido como si fuera el último del partido.
Con 23 años, está en el mejor momento de su carrera. Y lo mejor es que apenas está comenzando. Edna no ha llegado por casualidad. Ha picado piedra para estar aquí. Y su nombre, hasta ahora desconocido para muchos, empieza a escribirse con tinta indeleble en la Liga F. El Granada ha encontrado en ella su faro. Y el campeonato, una historia que merece ser contada.

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